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El nuevo consumidor marca las tendencias en envases. Por José Antonio Costa Mocholí

Los cambios en los hábitos de consumo de los últimos años abren nuevas oportunidades de negocio para los materiales plásticos en el envasado de alimentos y bebidas. Conocer la evolución de los factores sociodemográficos y conductuales del consumidor nos proporcionará la información necesaria para prever las tendencias en el desarrollo de los envases.

Uno de estos factores es el envejecimiento de la población. En el año 2011 en España había 8.1 millones de personas mayores de 65 años y en 2031 está previsto que la cifra sea de 11.6 millones. El aumento de la edad de los consumidores reclama a la industria que desarrolle envases ergonómicos y de fácil apertura. Además, se ha comprobado que este segmento de la población busca tamaños menores, en los que el envase les ayude a usar el producto y a dosificarlo. Otro desarrollo que se impone por las ventajas que aporta a este segmento de la población es el de los envases inteligentes, que informan del estado del producto de una forma visual y que pueden ayudar a identificar productos en mal estado de forma rápida e inequívoca.

Otro factor que define el diseño y la funcionalidad de los nuevos envases es el aumento del número de hogares formados por una o dos personas. Desde 2002, en España hemos pasado de 6.5 millones de hogares de una persona a 10 millones en 2014, lo que supone el 49% de los hogares. La previsión es que el porcentaje siga aumentando y se acerque a las cifras de otros países de Europa que rozan el 67%. Esta circunstancia hace que se apueste por formatos como el de monodosis y por los envases adaptados a las cantidades que requieren estos hogares, por lo que se precisan materiales que puedan adaptarse a cualquier volumen con buenos requisitos de funcionalidad y precio.

Por lo que respecta al proceso de compra, los españoles dedicamos cada vez menos tiempo a esta tarea. En los últimos quince años hemos pasado de dedicar cinco horas semanales a menos de tres horas. Este aspecto repercute notablemente en la selección de los productos que compramos, por lo que el diseño es clave para presentar unos productos atractivos al consumidor.

También dedicamos menos tiempo a cocinar, la media es de 6,8 horas a la semana. Solo el 27% de la población declara tener pasión por cocinar y solo el 13 % lo hace a diario por placer. Aumenta por tanto la cocina rápida: alimentos cocinados o precocinados listos para consumir y las conservas. Debido a la comodidad en el uso de estos alimentos, a los envases se les exige especiales condiciones de conservación a través de estructuras multicapa alta barrera o la posibilidad de calentar o cocinar dentro del propio envase (envases microondables u horneables).

Además, el nuevo consumidor cada vez tiene mayor conciencia medioambiental. Las nuevas generaciones manejan gran información sobre las consecuencias que tienen los residuos y de la importancia que tiene ser medioambientalmente responsable. Por eso, la industria está apostando decididamente por el ecodiseño, el uso de materiales reciclados, bioplásticos y materiales biodegradables, así como por la reciclabilidad de los envases.

Por último, el hedonismo como una búsqueda de placer personal, hace que los consumidores se rodeen de productos que satisfagan aspectos que van más allá de sus necesidades básicas. En su alimentación, el consumidor busca la comodidad en el uso del producto, la personalización o la información que aporte una ventaja. En este sentido, los envases pueden decir mucho a través del diseño, que sean fáciles de usar en cualquier lugar (envases activos autocalentables, autoenfriables, precocinados ready to eat…) también los sistemas de impresión directa y personalizable.

José Antonio Costa Mocholí, director gerente de Aimplas, Instituto Tecnológico del Plástico.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 




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